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Cruzando los alpes europeos, empieza a refrescar.

Cruzando los alpes europeos, empieza a refrescar.

Dejar atrás las costas del Mediterráneo para adentrarnos hacia el viejo continente se notó, y vaya si se notó. Lo primero fue la lluvia y el frío. Saliendo de Italia comenzó a llover; una especie de señal de que dejábamos atrás una parte del viaje para comenzar con una nueva.

Esto nos retrasó ya que hay que extremar las precauciones en situaciones de lluvia y más cuando circulas por carreteras que no conoces. Además de eso, no se trata de uno mismo, sino del hecho de que los demás aminoran la marcha o son también posibles causantes de accidentes por una conducción imprudente.

Hubo momentos en los que la lluvia era tan intensa que el limpiaparabrisas a su máxima velocidad no daba abasto. No es agradable conducir en estas condiciones, créannos.
El frío también influyó mucho. De estar en mangas de camisa unos días antes nos vimos sacando la ropa de invierno. Menos mal que fuimos preparados para este tipo de imprevistos.

El clima no fue lo único que se enfrió. El trato de la gente también. Se suele decir que el clima afecta al estado de humor de la gente y creo que hay que darle la razón a los que llegaron a esta conclusión.

Quizás, no es que la gente sea más fría; quizás es que los canarios somos más cálidos de lo común. Incluso dentro de España existen regiones que están marcadas por el carácter de sus gentes, y poco o nada tienen que ver con el resto.

De un modo u otro, cuando sales fuera de lo conocido y tu zona de confort, debes adaptarte a personas frías, personas cálidas, más abiertas y espontáneas, más cerradas y opacas. Al fin y al cabo, eso es lo que hace diverso este mundo en el que vivimos. Y aunque a veces nos encontramos con personas más grises de lo normal, respondimos con nuestra mejor sonrisa y el sentido del humor que caracteriza a los canarios y fuimos iluminando e irradiando calor y alegría allá donde fuéramos.

Llegó el frío suizo

En Ginebra nos reunimos con nuestro amigo Allal, que representa a su país en las Naciones Unidas en términos de sostenibilidad y derechos humanos. Tuvimos la ocasión de entrevistarnos con él y hablar de los problemas del mundo.

En Zurich, nuestros amigos Ayoze y Timea nos acogieron en su casa donde nos esperaba un poco de calorcito canario mezclado con hospitalidad suiza coronados con una deliciosa cena casera y un buen vino para acompañarla. Nos hacía falta. No podemos disfrutar de esto todos los días y cada vez que se puede, lo apreciamos muchísimo.

Continuamos nuestro camino hacia el Principado de Liechtenstein, donde nos recibió la lluvia pero también el encanto de un minúsculo país conocido por los beneficios fiscales que le supone a los países europeos de los alrededores.

Allí nos comimos el bocadillo más caro de nuestras vidas (12€ al cambio), que nos preparó Anna, la simpática chica de un puesto ambulante propulsado con su bicicleta eléctrica.

El motor de la economía y la industria del viejo continente

Llegando a Munich, la lluvia nos dio tregua y pudimos grabar y sacar fotos con las últimas horas de luz del día. Nos dio el tiempo justo para incluso pasar por el afluente del río Isar, donde se crean unas corrientes que se aprovechan para surfear a miles de kilómetros del mar.

Finalmente entramos en una cervecería típica alemana a cenar y echarnos una cerveza, donde el propietario, que suele veranear en España, nos atendió muy amablemente bromeando en un español horrible pero agradecido.

También nos cuadró que era la final de la Europa League. Nosotros ni lo sabíamos ya que no sabemos en qué día vivimos, lo mismo es un sábado que un lunes. Nuestra rutina es siempre la misma: conducir, documentar, trabajar en el ordenador y descansar. Todo esto tratando de disfrutar del momento mientras se pueda y en eso somos unos artistas.

Ver una final de fútbol tomando cerveza con gente local en una cervecería en Munich de forma improvisada es uno de esos recuerdos que se te quedan grabados para siempre.

Pero fue solo una cerveza y un café después ya que debíamos proseguir la marcha. Ese día tocaba ruta nocturna para llegar de madrugada a Salzburgo. Los tramos nocturnos son duros,... pero para animarnos en esta ocasión y hacer más ameno el trayecto pos pasamos el viaje cantando en modo karaoke para no quedarnos dormidos. La verdad es que las performances están bastante simpáticas.

Lo que no fue gracioso fue llegar de madrugada a Austria en pleno diluvio universal y encontrarnos un coche de alta gama (pero no eléctrica) cuyo propietario tuvo la desconsideración de dejar estacionado en un lugar reservado para cargar coches eléctricos.

Eso nos obligó a buscar alternativas, lo cual retrasó aún más el momento ansiado de cerrar los ojos en la cama. Ese día habíamos estado en cuatro países. Se dice rápido.
Al día siguiente el sol nos regaló una mañana espléndida que nos permitió grabar y sacar fotos con un poco de luz en la bonita ciudad donde nació Mozart, parecía una ciudad de cuento.

La ruta en datos.

¿Cómo fue nuestra ruta? Las carreteras por estos sitios en general están bien, aunque hay que tener cuidado con el tiempo, la lluvia,... Importante extremar las precauciones en la carretera cuando nos encontremos ante estas situaciones. Más vale prevenir...

En cuanto a las cargas del KONA eléctrico, ¡un jaleo! Cada empresa que coloca los cargadores establece su propio criterio y sus sistemas. No existe una unidad de cargas ni un procedimiento estándar; hay muchísimas opciones.

Para localizar los puntos de carga usamos Electromaps, Intercharge (la que menos nos gustó) y Evpass.

¿Cómo se comprtó el KONA eléctrico? Un buen modo de generar electricidad mediante el uso del freno regenerativo es en los tramos de bajada.

Tras los casi 5.000 kilómetros recorridos durante Road to Busan, el equipo se ha encontrado en varias situaciones de distintos tipos de conducción, entre ellos muchos tramos de bajada. Como particularidad, mencionar que el tramo Milán-Ginebra transcurría por el puerto de montaña que atravesaba los alpes italianos-suizos. Un espectáculo digno de recordar como los grandes glaciares que el team de Road to Busan tuvo el lujo de presenciar con la retina de sus ojos, las particulares casas de campo de la zona y el túnel que atraviesa el majestuoso Mont Blanc durante los casi 12 kilómetros de su longitud.

Pero otra cosa que ocurrió es que se pudo poner a prueba las levas que permiten el uso de la frenada regenerativa del Hyundai KONA eléctrico para sacarles el máximo partido posible ya que el tramo anterior al túnel tuvo bastantes subidas que afectaron bastante a la autonomía del coche. El segundo tramo, posterior al túnel del Mont Blanc, es de bajada y durante el mismo, la destreza en el uso de las levas regenerativas supuso una recuperación de muchos kilómetros extra para la batería del coche que proporcionaron además de la energía regenerada, la tranquilidad de que el tramo se realizaría sin ningún problema de autonomía.

Teniendo en cuenta que habiendo realizado medio camino se había consumido casi dos tercios de la autonomía durante la subida, la recuperación de kilómetros regenerados supuso una tranquilidad que durante este tipo de viajes es necesaria, pero para esto hace falta mucha experiencia y conocimiento acerca del funcionamiento del coche y las levas, además de la orografía del terreno que se va a atravesar.

No es recomendable arriesgar de esta manera en terreno desconocido y se debe de practicar bastante para saber hacer un uso óptimo del freno regenerativo ya que en caso de no hacerlo, existe riesgo de quedarse sin autonomía.

En esta inforgrafía puedes ver los datos más representativos de nuestra ruta por centroeuropa.

Road to Busan debe continuar; hay que proseguir la marcha.
Nos vemos en la carretera.

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