El Hyundai i30 N Line ya está en Canarias
Museo Nikola Tesla Croacia Road to Busan
Ruta en coche eléctrico por Europa

Países Bálticos, fin del recorrido en Europa.

Por fin hemos atravesado Europa… a las puertas de Rusia nos damos cuenta de lo que hemos logrado con Road to Busan. Pero también de lo que aún nos queda por recorrer. El Hyundai KONA eléctrico se está comportando fantásticamente; muchos nos han dicho que no debe ser nada fácil lanzarse a una aventura como esta, pero la verdad es que para nosotros no está siendo complicado ¡estamos encantados! Incluso, cuando nos encontramos adversidades en la carretera… para nosotros son momentos geniales de superación.

Últimos días en Europa, fin del primer tramo del viaje

Continuamos nuestro viaje después de haber dejado atrás la maravillosa República Checa, el corazón de Europa, y afrontamos con energía nuestro próximo tramo del viaje. La Europa más oriental es sencillamente espectacular; cuando llegas a este punto del camino te das cuenta de lo realmente rico que es el continente en el que vivimos, cuan diferentes somos, pero en el fondo, coincidimos en inquietudes. La solidaridad que nos han mostrado durante todo este viaje, y en este tramo, ha sido sensacional.

El centro histórico de Varsovia, Patrimonio de la Humanidad.

Varsovia nos esperaba. Hicimos una parada en Katowice para hacer una recarga y comer algo. En esos mismos instantes se celebraba la COP24, uno de los eventos más importantes sobre Cambio Climático que se celebran en el mundo y que justamente tocaba en Katowice ese año.

Una vez en Varsovia nos reunimos con Mihal, el Responsable de PR y Comunicación de Hyundai Varsovia en Polonia y que nos invitó a una fantástica cena en un famoso restaurante local, donde nos sirvieron deliciosos platos de la gastronomía del país, como zupa pomidorowa, una sopa de tomate con verduras y arroz, o pierogi z mięsem, unas riquísimas empanadillas de carne. Muchas veces nos toca comer lo que nos encontramos en mitad de la carretera, como bocadillos y sándwiches, así que estos momentos son oro para nosotros.

Nos alojamos en casa de Alicja, una amable chica que conocimos a través de Couchsurfing y que al día siguiente se unió a nosotros para hacernos un rápido tour de la ciudad. Se ve que lo ha hecho muchas veces y que le encanta hacerlo. Finalmente nos confesamos ser amantes de la historia y de las historias de los lugares en general.
Varsovia nos ha dejado impactados porque es una ciudad que sufrió muchísimo tras la segunda guerra mundial, quedó totalmente destruida por los nazis, más el genocidio judío y la represión comunista… y hoy día nos encontramos ante un referente que ha sabido superarse y recomponerse, demostrando con su día a día que no existe rencor alguno. Por eso es Patrimonio de la Humanidad, por la completa recuperación de la Ciudad Vieja, que ha preservado su autenticidad.

Continuamos con nuestro viaje, y agradecidos, nos despedimos de Mihal y de Alicja para continuar con la marcha. La carga estaba un poco ajustada para el tramo previsto así que decidimos pararnos en Byalistok para recargar unos kilovatios.

El punto de carga era un pequeño hotel de carretera en medio del campo en una carretera secundaria. No supimos hacer funcionar la máquina así que pedimos ayuda al propietario del hotel, que muy amablemente a pesar de su escaso nivel de inglés, puso en marcha el cargador. Su hijo, que sí que hablaba bien inglés, nos leyó la mirada al mirar el tablero y se disculpó por la poca velocidad de carga ofreciéndonos un café para compensarlo.

Con mucho gusto aceptamos. Pero resultó ser una trampa. En lugar de traernos un café, nos sirvió un plato de una deliciosa sopa de Bielorrusia, que está cerca de donde estábamos en esos momentos y que no pudimos atravesar pero al menos sí pudimos degustar un plato típico.

No pareciéndole suficiente, Mihal nos trajo un segundo plato de pollo con verduras al estilo polaco y para terminar, nos sirvió un chupito de un licor que ellos mismos destilan de forma artesanal y que no pueden vender pero sí consumir y regalar. Y eso hicieron, nos regalaron una botella de este fantástico licor de 40% de alcohol.

Fue la mejor trampa que nos pudieran hacer ya que el tramo de que nos esperaba era largo y era la hora de cenar. A eso se le llama serendipia. Encontrar una cosa cuando estás buscando otra. Buscábamos recarga de una máquina y encontramos apoyo local incondicional.

Otra vez, nos libramos de los bares de carretera y nos arropó la hospitalidad de la gente que se queda alucinando con el proyecto Road to Busan y quiere arrimar el hombro de alguna manera. En este caso, dándonos de comer.

Lituania, un destino soñado

Llegamos de madrugada a Kaunas, una pequeña ciudad lituana que visitamos fugazmente mientras cargamos el punto de recarga sito en el parking de la estación de autobuses de la ciudad.

La verdad es que el entorno es muy bonito. El río, el castillo, el letrero de la ciudad… era inevitable querer sacarnos una foto para recordar la visita.
Desayunamos en la Calle Vilnius y nos dirigimos hacia la Avenida de la Libertad, un lugar muy conocido de Kaunas, aunque estaba en obras y no pudimos disfrutarla en su máximo esplendor.
Decidimos acercarnos por ello al Noveno Fuerte, un monumento de guerra en un emplazamiento donde en el pasado hubo un campo de concentración y donde pudimos visitar uno de los monumentos más imponentes de entre todos los que hayamos podido ver durante el viaje e incluso a nivel personal.

Letonia, un estímulo para los sentidos

Nos dirigimos a Rezekne, un pueblito de Letonia cerca de la frontera con Rusia.

Allí teníamos previsto recibir nuestros pasaportes con los visados para entrar en Rusia y China que se habían estado gestionando mientras viajábamos por Europa sin necesidad de tenerlos en mano, ya que con el Documento Nacional de Identidad es suficiente para moverse por la Unión Europea.
Pero a veces la burocracia lleva más tiempo del que uno espera y eso fue lo que nos ocurrió. Nos vimos forzados a esperar unos días hasta poder tener nuestra documentación en mano.
Fue entonces cuando la botella del licor polaco que nos regalaron en Byalistok desempeñó su importante papel en el viaje. Esa noche nos ayudó a olvidar el chasco de no haber recibido la documentación a tiempo y mientras degustábamos ese rico brebaje pudimos brindar por el viaje y los bellos parajes que hemos ido dejando atrás.

Por eso decidimos dar un paso atrás para visitar Davgnapils, una pequeña ciudad de menos de 100.000 habitantes donde resultó ser festivo y pudimos disfrutar de una feria de artesanía además de un concierto en directo donde pudimos relajarnos y pasar un rato agradable. Nos alojamos en un piso en una planta baja desde donde pudimos cargar el coche enchufándolo a la habitación.
Por otra parte, al día siguiente decidimos dirigirnos hacia Riga, la capital de Letonia y que no estaba previsto visitar, pero la prolongación forzada de la estancia en el país nos permitió acercarnos aunque sea una tarde para ver algunos de los monumentos más conocidos de la ciudad como la Casa de los Cabezas Negras, donde una improvisada sesión de ópera por parte de un artista callejero nos esperaba.
Ya de regreso en Dauvgnapils recibimos la noticia de que nuestros documentos estaban en Vilnius, una ciudad de Lituania sita a tres horas de donde estábamos. Recogimos nuestra documentación para poder dirigirnos a la frontera con Rusia.
De camino hicimos una parada improvisada en Ludza, uno de los lugares más bonitos que vimos en Letonia.

Pudimos acercarnos a un lago impresionante donde nos sacamos unas cuantas fotos y sin querer descubrimos un pequeño museo arquitectónico que emulaba las casas antiguas letonas y a las que pudimos entrar para ver su interior.

7 horas en tierra de nadie, entre Europa y Asia.

Antes de entrar en la frontera rusa nos vimos en medio de un proceso de control que duró más de siete horas que nos agotó. No habíamos previsto su larga duración, y no habíamos almorzado pero la espera mereció la pena.
La cola y el proceso de control fueron muy duros. Condujimos de madrugada hasta el hotel en nuestra entrada a Rusia; solo un pequeño contratiempo antes de la gran aventura que nos esperaba por delante.

La ruta en datos

Al entrar en Polonia, llegamos a un hotel donde conseguimos conectar nuestro KONA eléctrico. El cargador estaba fuera del hotel, pero el dueño nos invitó a pasar dentro y nos invitaron a comer y a tomar un licor. La espera se hizo amena...
En Varsovia no tuvimos ningún problema, fue enchufar y cargar.

En Letonia cuando llegamos el punto de carga que teníamos en nuestro plan no funcionaba, pero amablemente dos talleres de neumáticos nos dejaron acceder para cargar el coche. La gente de esta zona siempre se ha mostrado predispuesta. En Lituania encontramos puntos de cargas para más de 10 coches, ¡una pasada! Un aparcamiento sin ir más lejos, estaba abierto, y fue llegar y enchufar.

En general el nivel de comodidad y facilidad para encontrar puntos de carga ha sido perfecto.
La conducción eléctrica, cuanto más abierta y centralizada mejor. Desde nuestro punto de vista, lo ideal es estandarizar las cargas a nivel europeo, llegar y pagar con la tarjeta. Sin necesidad de bajar un montón de apps, hacer usuarios y contraseña en cada app y meter datos bancarios en cada una de ellas, porque todo este proceso resulta lioso. Eso siempre y cuando se permita el pago online, porque hay muchas que necesitas tener la tarjeta de la empresa en cuestión y no te deja introducir tu tarjeta.

En total realizamos en esta ruta 6 paradas, con una media de consumo de 12,5 kw/100 en este tramo de nuestro viaje.

¿Quieres conocer más info?

Recomendamos encarecidamente realizar aventuras como estas en coche eléctrico… somos conscientes de nuestra locura al querer llegar a Busan; pero sí les animamos a aventurarse a descubrir partes y tramos del mundo sin contaminar. Realmente es una sensación satisfactoria.

Entramos en Rusia.
¡Nos vemos en la carretera, amigos!

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